Monja cocinera, sensación de TV mexicana

Ciudad de México. Una sencilla monja casi septuagenaria se ha convertido en una sensación televisiva en un esfuerzo por pagar las cuentas de su congregación.

Florinda Ruiz Carpia, de 68 años y más conocida como la “Hermana Flor”, es una de cinco finalistas en la versión mexicana de “Master Chef”, en el que compite por un primer premio de un millón de pesos (59.000 dólares), que ayudarían a aliviar en parte la deuda total de 7 millones de pesos que tiene la Congregación de la Pasión de Jesucristo, según los productores del programa.

Florinda Ruiz Carapia, más conocida como "Hermana Flor", prepara la comida para 150 seminaristas en un convento de Puebla, México, el 30 de septiembre del 2015. La monja se hizo famosa compitiendo en la versión mexicana de "Master Chef", al que se presentó con la esperanza de ganar el primer lugar y ayudar a pagar las deudas de su congregación con el premio. (AP Photo/Eduardo Verdugo)

La congregación contrajo la deuda para construir escuelas, según Alejandro Esquivel, productor del programa de TV Azteca.

José Antonio Barrientos, de los Misioneros Pasionistas, confirmó la existencia de la deuda y dijo que la orden teme además que nuevas normas oficiales hagan que algunas escuelas de la congregación no cumplan con esas pautas y requieran costosos arreglos.

La Hermana Flor ya ha superado varias rondas desde que arrancó el programa con 300 participantes y quedó entre las cinco finalistas. A tres semanas de la conclusión del concurso, la monja es tan popular que Esquivel no quiere pensar lo que podría pasar si no gana. Un panel de chefs profesionales elegirá al ganador tomando en cuenta el sabor, la presentación y la velocidad con que preparan sus platos.

Monja cocinera, sensación de TV mexicana

“Creo que la popularidad de la hermana Flor se atribuye a que es una persona muy transparente, muy, muy humana y muy simpática”, declaró Esquivel. “Sería una decepción que salga cualquiera de los cinco. (Pero) Obviamente, con la hermana Flor sería una decepción mucho más grande porque tiene mucha, mucha empatía con gran parte de la audiencia”.

No todo es dulce para la Hermana Flor. De hecho, sus sabrosas salsas picantes son lo que la han llevado hasta donde está.

En un seminario en el estado central de Puebla donde cocina tres comidas al día para 150 seminaristas, la Hermana Flor dirige una operación simple, nutritiva y sustentable. Un pequeño molino muele maíz para preparar tortillas frescas, hay ovejas pastando, cerdos y pollos que comen los sobrantes de la cocina y lo que no comen los seminaristas es donado a hospitales de la zona.

Pero la monja no domina conceptos como la presentación de los platos, algo que no le preocupa en lo más mínimo cuando los hambrientos seminaristas llegan la comedor: Sirve la comida en una gran fuente en mesas para diez personas y los seminaristas se sirven ellos mismos.

También quedó descolocada cuando los jueces le pidieron que cocinase una langosta.
“Hay muchas cosas que no las hay aquí, que no las sé usar. Como cuando hice la langosta, un pescado que nunca he cocinado. No tenemos dinero para comprar esas cosas”, explicó.

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